DEL MANDARÍN
AL LENGUAJE DIRECTO.
Cyril
Connoly retoma el viejo tema de la forma y el contenido de la obra, cuya
relación puede denominarse "estilo". Ningún escritor carece de
estilo, plantea Connoly, pero quienes se encargan de exaltar el estilo por
sobre el hecho de comunicar efectivamente lo que se quiere narrar, terminan
recayendo en el "dialecto mandarín". Es decir, que buscando la
exquisitez y la corrección en el decir, se pierden en una nube de tropos, y
dejan de prestar interés a lo que se busca decir, dejan de comunicar. Cito a
Connoly:
Denominaré a este estilo "mandarín", puesto que encanta a los corifeos literarios, aquellos que desean diferenciar al máximo la palabra escrita de la hablada. Es el estilo de los escritores que tienden a hacer que su lenguaje transmita más de lo que quieren decir o más de lo que sienten, es el estilo de la mayoría de los artistas y de todos los farsantes, y al que siempre amenaza una oposición puritana.
Connoly
ubica al estilo mandarín luego del siglo XVIII, pues dice que hasta ese siglo,
no era posible escribir mal, a menos que se rompiera con las reglas
gramaticales. El lenguaje directo era lo válido en materia literaria, estaba
bien visto, y un escritor era bueno si se hacía entender, no si escondía bien lo que quería decir.
Entonces,
tenemos que los escritores del siglo XIX y parte del XX se han dado por
escribir pomposamente y decretar, mediante la complicidad de sus secuaces los
críticos literarios, que el modo de escribir bien es esconder lo que se quiere
decir.
Saliendo un
poco de la mera crítica literaria que realiza Connoly y yendo al ámbito más
general de los discursos, es notorio que el "discurso mandarín", esa
distancia entre las formas verborrágicas, intelectualoides pero llenas de
sofismas, pomposas e indirectas, y el sentido, el intento de facilitar el
mensaje al oyente; también han sido efectivas en el ámbito de lo político.
¿Cómo, si no, puede el nazismo ascender al poder en una democracia, y en
Alemania, uno de los países más alfabetizados del mundo por aquel entonces? Es
claro que por medio de los cretinos mandarines.
¿Cuándo
podríamos ubicar, entonces, el afán por regresar a la mímesis, a la
correspondencia directa, entre significado y significante? Es probable que dos
exponentes paradigmáticos de esta vuelta al arte directo sean la poesía de Paul
Celan y la pintura de David Olère, dos artistas sobrevivientes al holocausto. Y
esta hipótesis parte de una afirmación de Theodor Adorno, que expresa que
después de Auschwitz, no puede haber poesía. Otras traducciones, en lugar de
"poesía" escriben "relato". A los efectos de lo que se
quiere expresar, los términos "poesía" o "relato" son
equivalentes. Y son equivalentes porque en cualquiera de las dos
interpretaciones que se le puede dar a la frase, "poesía" o
"relato" corresponden a "poiesis", creación de una forma
simbólica para referirse a la realidad.
Volviendo a
lo recientemente dicho, las dos interpretaciones de la frase son las
siguientes:
1) No puede
haber poesía después de Auschwitz, porque toda "poiesis", toda acción
creadora y artística que parecía dar cuenta, a través de la historia del arte,
de una evolución moral en el alma y espíritu humanos, no impidió la existencia
del horror. Hitler mismo, luego de terribles jornadas de matanza y aniquilación
de judíos, escribía hermosos versos y pintaba cuadros nada deleznables. Por
tanto, Adorno creyó que seguir creando poéticamente después de Auschwitz no
impediría que el horror volviera a darse.
2) No puede
haber poesía después de Auschwitz porque no hay forma de que el lenguaje pueda
utilizar tropos para describir el horror del holocausto. No hay metáforas
válidas que puedan dar cuenta de lo que estaba sucediendo en los campos de
concentración. La única forma de comunicar el horror es el lenguaje directo, es
decir, la ausencia de poesía. Sin embargo, como bien expuso Giorgio Agamben,
siempre queda algo indecible, algo que en el fondo es lo esencial del horror,
ese silencio que sucede todo discurso, esa doble actitud de "testigo"
y "musulmán". En el siglo XX, se debe ser testigo y musulmán para, a
través del arte y los discursos, denunciar el horror de la guerra y el odio
hacia los pueblos diferentes. Pero si consideramos que el lenguaje no es la
realidad tal cual sucede, sino su representación simbólica humana, la mímesis
lenguaje=horror es imposible, dado que incluso el lenguaje directo sería una
fría y distante metáfora de lo que ocurrió. Es entonces que es también
necesaria la actitud del musulmán, y esta se consigue, paradójicamente con
respecto a la frase de Adorno, a través del arte y la poesía.
EJEMPLOS DE
ARTISTAS "TESTIGO-MUSULMÁN": PAUL CELAN Y DAVID OLÈRE
En cuanto a
la poesía de Paul Celan, hay mucha crítica al respecto. Sin embargo, los
críticos suelen coincidir en que se debe dar un giro al lenguaje poético para
comprender la poesía de Celan. Se debe dejar de lado, justamente, la lectura
metafórica plena, el intento de ubicar a Celan entre los ejecutores del
"discurso mandarín" de la poesía. La poesía vuelve a tener esa
actitud viva de los tiempos pretéritos, que se acercaba directamente al oyente
(la poesía era, predominantemente, oral), sin intermediarios ni exégetas. La
poesía significaba lo pronunciado, no un sentido difuso tras aquellas palabras
entonadas (también era, las más de las veces, cantada).
"TODESFUGUE"
("Fuga de la muerte") de Paul Celan.
Leche negra del alba la bebemos a la tardeal mediodía la bebemos la bebemos de noche y de mañanacavamos una fosa en el aire no se está ahí apretadoVive un hombre en la casa que juega con serpientes que se pasaescribiendo a Alemania cuando se hace de noche tu cabello de oro Margarete]escribe y aparece delante de la casa y brillan las estrellas silba para llamar a sus perros de presa]les silba a sus judíos para hacerles cavar una fosa en el airenos ordena tocar para bailarLeche negra del alba te bebemos de nocheal mediodía y de mañana te bebemos te bebemos a la tardebebemos y bebemosVive un hombre en la casa que juega con serpientes que se pasaescribiendo a Alemania cuando se hace de noche tu cabello de oro Margarete]tu pelo ceniciento Sulamita cavamos una fosa en el aire no se está ahí apretado]Grita hiendan la tierra ustedes más profundo mientras tocan y cantan los demás]saca el arma del cinto y se pone a blandirla sus ojos son azulesvamos hundan la pala ustedes más profundo y los demás toquen para bailar]Leche negra del alba te bebemos de nocheal mediodía y de mañana te bebemos te bebemos a la tardevive un hombre en la casa tu cabello de oro Margaretetu pelo ceniciento Sulamita él juega con serpientesGrita toquen la muerte y que suene más dulce la muerte es un maestro de Alemania]grita a ver los violines que suenen más sombríos y ustedes subirán como humo en el aire]tendrán luego una fosa entre las nubes no se está ahí apretadoLeche negra del alba te bebemos de nocheal mediodía te bebemos la muerte es un maestro de Alemaniate bebemos de tarde y de mañana bebemos y bebemosla muerte es un maestro de Alemania sus ojos son azuleste alcanza con su bala de plomo da en el blancovive un hombre en la casa tu cabello de oro Margareteazuza en nuestra contra a sus perros de presa nos regala una fosa en el cielo]él juega con serpientes y sueña que la muerte es un maestro de Alemania]tu cabello de oro Margaretetu pelo ceniciento Sulamita.
La
referencia a todo lo que en este poema podemos intentar inútilmente catalogar
de "símbolo", "metáfora", etc. es una referencia directa.
El sadismo y perversión nazi lograba estos horrores: músicos que tocaban Schubert
mientras una larga fila de raquíticos judíos, musulmanes, comunistas y
homosexuales, entre otros ejemplares de minorías, esperaban por un lugar en las
cámaras de gas o crematorios; leche negra de mugre y pudrición que, pese a su
estado, había que beber para seguir sobreviviendo, seguir siendo un
"muerto vivo"; cabellos sucios de pequeñas niñas que morían en el
suelo; perros de cacería que mordisqueaban algún cadáver o cuerpo casi muerto;
balas en la frente sin piedad; complicidad de ciertos judíos que trabajaban de
escribas, mandaban cartas a los jerarcas de las SS y mantenían los registros
estadísticos de las muertes de sus familiares y compatriotas.
El discurso, en última instancia, mantiene esa doble
articulación de denuncia (categoría de "testigo" de Agamben) y
silencio e imposibilidad de decir, paradójicamente convertida en lenguaje
artístico (categoría de "musulmán" de Agamben).
"Los últimos pasos" de David Olère.
De igual modo, pero en el ámbito de la pintura, David
Olère mantiene esa doble articulación agambeniana de actitud artística del
siglo XX. En su obra "Los últimos pasos", cuyo colorido y alejamiento
de las formas miméticas aparentemente inscribe al óleo en la escuela
post-impresionista y esto haría las veces de papel "musulmán", todavía
se mantiene la actitud de denuncia propia del "testigo" a través de
una especie de discurso directo. En pocas palabras, la actitud de
"testigo" en pintura se establece por el tema del que se pinta; la
actitud de "musulmán" se establece por las técnicas pictóricas, que
nunca se inscribirán en un hiperrealismo fotográfico porque son conscientes de
que, al igual que luego del discurso directo del testigo debe sucederse un
silencio musulmán, la imagen no realista da más cuenta de la realidad en tanto
hace consciente al receptor de su calidad de "obra de arte", de
"obra-que-no-es-real", esto es, de la imposibilidad de retratar la
realidad tal como fue, dando lugar a ese silencio musulmán, ese lapso de
reflexión que llenaría el espacio que ningún discurso directo puede llenar
entre el lenguaje y los hechos.









